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Detalle de viaje

Marruecos 2007: Diario de viaje


Viernes 30 de Noviembre

   Volamos a Marrakech con EasyJet a última hora de la tarde. La organización deja bastante que desear, pero es un vuelo tranquilo. Llegamos a Marrakech cuando cae la noche. La primera prueba en Marrueco es coger el taxi al hotel y conseguir que no nos timen. A ver si hemos aprendido algo en el último viaje a la India. Por suerte para nosotros, en la salida del aeropuerto hay un cartel con los precios oficiales para los distintos puntos de la ciudad. Sabemos de qué precio partir. El precio que nos tocaba pagar eran 50DH, pero como no, intentan cobrarnos 150, luego 100 diciendo que son 50 por persona, y al final nos vamos con uno que protestando un poco, nos lleva por los 50DH de los que no nos bajamos.

   Llegamos al hotel, y dada la hora, nos pedimos un par de sándwiches del room service, ponemos una peli en el portátil y dormimos.

Sábado 1 de Diciembre

   Desayuno en el hotel. Estamos en el hotel Kenzi Farah, que no es ninguna maravilla, pero tampoco está mal. El plan del día es simple. Aunque estamos en las afueras, estamos sólo a unos 20 minutos andando del centro, con lo que decidimos ir a pie y ya habrá tiempo de coger un taxi si no nos vemos con fuerzas. El día lo tenemos planeado del siguiente modo: pasamos de la guía y nos metemos en el centro siguiendo simplemente nuestro instinto. Una vez allí, nos perdemos por la ciudad durante el resto del día. Ya habrá tiempo de coger la guía y decidir a donde vamos. Así que vemos el alminar, y la plaza, y desde allí nos perdemos y esta vez literalmente, en los zocos. Lo cierto es que el ambiente no está nada mal. Como es normal te asaltan por todos sitios y quieren llevarte a los puestos de sus amigos, pero no son excesivamente pesados; basta con decirles que no 2 o 3 veces e ignorarlos. Quizá es que cogimos ya bastante experiencia de esto en la India. Los zocos de Marrakech sí que huelen a especias, a carnes, a cuero. Es sorprendente ver cómo hacen las cosas de un modo totalmente artesano: figuras de madera, babuchas, bolsos, faroles.

   Tras más de 3 horas andando nos encontramos fuera de la medina y en el extremo opuesto de la ciudad. Vemos la torre del centro a lo lejos. Tratamos de volver basándonos en nuestra orientación por el laberinto de callejuelas y por medio pasamos por zonas donde se ve la vida diaria de los lugareños. Pero uno no se siente inseguro … al menos a esas horas de la mañana, porque de noche, tendría un poco más de precaución.

   Conseguimos llegar de nuevo a la plaza, y vamos a comer a un riad (Riad Omar) recomendado por la guía. Nos ponemos en la terracita en un sitio agradable. La comida no está mal del todo, pero no es ninguna maravilla. De aperitivo nos sacan unas aceitunas y un poco de pan, y pedimos cuscús, pastela y pinchos mixtos. Nos sobra comida, mucha comida.

   Vamos de paseo cerca de la zona del Palacio y vemos por allí los puestos y las tiendas. Está bastante bien, y vemos un par de sitios que no tienen ninguna mala pinta para comer algún día de estos. Dado que no queda demasiado para que cierre optamos por no entrar en palacios ni museos. Seguimos vagando por la ciudad, y esta vez ponemos rumbo a la plaza, que nos han comentado que cambia por completo al anochecer.

   Es curioso, que en los sitios no nos dejan a menudo hacer fotos. Había fotos curiosas que aun así hemos sacado, de un dentista con dentaduras en el escaparate y dientes sueltos, puestos llenos de cosas de lo más variopintas, puestos de faroles … en muchos nos ha salido enseguida el dueño diciendo que no podían sacarse fotos.

   Una de las paradas ha sido en un mercado de alimentación. Queríamos ver los pescados que había, y nos hemos llevado una sorpresa al ver que el 70% de los puestos eran de pollos, gallinas, gallos, conejos … pero siempre vivos. Eran puestos de pescado, y lo demás, como si fueran corrales. Eso sí, los huevos, muy frescos.

   Llegamos a la plaza de Jemaa el Fna, y efectivamente todo está totalmente cambiado. Donde antes sólo había puestos de frutos secos, señoras que leen las cartas, tatuadoras de henna … ahora hay montado un montón de puestos de comida con bancos corridos alrededor. Sopas, pinchos morunos, caracoles, carnes, pescados. Todo se ha transformado en un restaurante. La plaza está llena de vida. Grupos de cuentacuentos, bereberes de las montañas con sus ropajes típicos para cobrar por la foto, serpientes, monos y otros animales que si te descuidas te ponen encima para cobrarte por la foto. Subimos a la terraza más alta del café Paris y vemos como cae del todo la noche desde allí. La vista es muy bonita. Tomamos un te, ya que no hay forma de tomarse una cerveza con alcohol en toda la medina, y cuando acabamos, compramos una pipas en un puesto y volvemos al hotel en el último paseo del día. Antes de salir de la plaza nos llama uno de uno de los puestos de comida diciéndonos que se llama Antonio Banderas. La verdad es que era un tipo gracioso, pero no pensábamos cenar esa noche. De modo que nos dice que “qué pasa neng” y nos dice que tenemos que pasar antes de irnos de vuelta a España.

   Paseo hasta el hotel, una cerveza en el bar (Flag Especial de la zona, muy suave), y a dormir, que estamos agotados, y no nos habíamos dado cuenta hasta parar un rato y sentarnos.

Domingo 2 de Diciembre

   Hoy hemos repetido un poco el día de ayer. Pero sin madrugar y sin andar tantísimo. Hemos dedicado el día a probar nuevos sabores, ver más y más puestos, y como no, a comer alguna que otra cosa. Es imposible encontrar cerveza dentro de la medina, lo cual saca a uno de juicio. Una de las cosas que hemos hecho es comprar en un supermercado unas cervecitas para dejarlas en el hotel.

   Cena por el centro, y a descansar que mañana nos proponemos coger unas bicis y darnos una paliza.

Lunes 3 de Diciembre

    Hoy es el cumpleaños de Mercedes.

   Después de desayunar, hemos alquilado un par de bicis al lado del hotel. Así podemos ver la parte de las afueras. Nuestro objetivo es visitar el Palmeral, una zona enorme de palmeras que está a las afueras de Marrakech. Empezamos acostumbrándonos a lo de rodar en bicicleta. Un modo de transporte más, al que se hace uno bastante deprisa. Simplemente hay que ir con un poco de decisión, y eso sí, estar bastante pendientes de los demás.

   Tratamos de ir en dirección al Palmerai, pero para variar nos perdemos durante cosa de un par de horas. Pero tampoco es problema, ya que vemos parte nueva de la ciudad, que nos sorprende bastante. Por ahí sí que se ven estudiantes al estilo europeo, tiendas y negocios como a los que estamos acostumbrados, casas con buen aspecto …

   Tras muchas indicaciones, conseguimos llegar por fin al Palmerai. La verdad es que estaba más lejos de lo que suponíamos, pero merece la pena el paseo. Es una zona repleta de palmeras, donde hay hoteles de alta categoría, algunos campos de golf, y alguna villa con una pinta muy muy buena. Encuentras cada poco rato camelleros que te dan un paseo si quieres en camello. Algunos eran muy pequeños … demasiado.

   Atravesamos el Palmerai desde el norte hasta el sur y volvemos hasta el hotel. Total: 5 horas sin habernos bajado de la bici (sólo para tomar un café). A Mercedes le duele un poco la rodilla, con lo que devolvemos las bicis antes de lo previsto y nos quedamos viendo una peli en el hotel.

   Tenemos cena en el Jad Majal para celebrar el cumple de la niña. El sitio la verdad es que está fenomenal. La comida sorprendentemente buena, y por medio un espectáculo de fuego y unos bailes que estuvieron muy bien. Comimos con vino tinto marroquí, algo así como Corriente del Sahara. La verdad es que estaba bastante mejor de lo que suponíamos.

Martes 4 de Diciembre

   Hoy nos pegamos el madrugón para ir de excursión. Nos vamos a Essaouira, un pueblecito pesquero que está a 2 horas y media de Marrakech. Salimos a las 7:30 del hotel. El viaje es interesante. El paisaje cambia bastante y de vez en cuando sorprende. Al principio hay muchísimos olivares, después aparece una zona de arena y piedra, y poco antes de llegar a nuestro destino, nos encontramos con bastante verde, con un árbol que no conocíamos, el argán. De este árbol, sale uno de los aceites más caros del mundo, sino es el más caro. Vamos a una cooperativa, que para sorpresa nuestra es sólo de mujeres. En ella nos muestran el proceso de fabricación artesana del aceite, y los productos que obtienen a partir de ella. Cogen el fruto, lo pelan con una piedra, separan el grano, lo muelen con un molino de mano de piedra … y todo se utiliza. La cáscara para el fuego, los restos para alimentación de las cabras, etc.

   Llegamos a Essaouira. Es un pueblo muy interesante. Nos encontramos al principio con un montón de barcas y barcos pesqueros. Damos una vuelta y nos metemos después en la medina. Lo cierto es que está llena de puestecitos, como casi todas las ciudades por aquí, pero el ambiente es muy agradable. Tienen muchas figuras y herramientas de madera, pescado, artesanía …

   Tenemos que probar lo más tradicional del lugar. Comer en los puestos el pescado y marisco fresco. Tienen expuesto el pescado y eliges las piezas que quieres. La pesan y te la preparan a la brasa. Pedimos unas sardinas y unos gambones. Están bastante ricos, y nos sentamos en una mesa junto a dos españoles de mediana edad que son hermanos y que han vuelto al país donde pasaron los primeros años de su vida. Nos dan parte de lo que habían pedido, que les sobraba, con lo que probamos también el centollo, las gambas y los calamares.

   Después del aperitivo, nos vamos a comer a un restaurante junto al mar, donde nos tomamos unas gambitas a la plancha, unas sardinas pequeñas, y como homenaje, una langosta para los dos. Y por fin un sitio donde nos ponen una cerveza!

   Un paseíto después de comer, y de vuelta a Marrakech.

Miércoles 5 de Diciembre

   Día de compras y visitas culturales. Los horarios de los palacios son un poco extraños; abren de 8:30 a 11:30 y luego de 14:30 a 17:45. Desayunamos con calma en el hotel, y empezamos la visita por el Jardín Aguedal. Resulta que está cerrado, pero pasamos por una carreterilla que hay por medio, con lo que más o menos lo vemos. Desde allí llegamos al Palacio Real, que no solo no se puede visitar, sino que ni siquiera te permiten hacer fotos. Nos hacen borrar una que habíamos hecho (la hecha con mi cámara se queda donde está). Desde ahí nos vamos rumbo al Palacio de Badi, pero ya está cerrado. Decidimos hacer tiempo aprovechando un poco el tiempo en comprar algo en los zocos. Uno de los objetivos es encontrar un camello de madera similar a uno que vimos en Essaouira, pero que al final no llegamos a un acuerdo a la hora del pago. Tras un buen rato de búsqueda, y tras una dura negociación, logramos comprar uno más bonito que el visto el día anterior, por unos 15€. Compramos otro par de encargos que teníamos, y ya es hora de que abran de nuevo los palacios.

   Visitamos en primer lugar el Palacio de Badi. Sólo muestra los restos de lo que en su momento debió de ser un gran palacio. Ahora sólo queda la imaginación para hacerse uno una idea de lo que fue. Pero nos brinda unas vistas interesantes de la ciudad desde un punto un poco más alto.

   Desde ahí, nos vamos al Palacio de Bahía, que está a poca distancia del anterior. Era la residencia de un príncipe un tanto excéntrico que desde fuera no parece mucha cosa, pero que sorprende por la extensión del mismo, y por la bonita decoración de los techos de sus múltiples estancias.

   Finalizado el plan cultural, decidimos dar un paseo de zocos para sondear unos precios que debemos de rematar mañana. Nos queda el remate del día. Dado que será nuestra última noche, no podemos irnos sin comer algo en los puestos de la Plaza Jamaa El Fna. Abro boca con una tapita de caracoles en uno de los 6 puestos especializados en este producto. Mercedes no me acompaña en esto. El precio muy bien … 1€ una racioncilla … y no están nada malos. Después vamos a un restaurante que da a la plaza llamado La Casa del Cuscús, en el que queremos probar una especialidad que ya teníamos fichada, que era el Cuscús Sahara … con carne de camello! Lo cierto es que es muy parecido a la ternera … pero teníamos que probarlo. Para rematar, nos sentamos en uno de los puestecillos que se montan cuando cae el sol en el centro de la plaza y probamos una pastela, berenjenas, patatas fritas y camarones fritos. Le añadimos una ración de pan y un par de coca colas, y pagamos por todo ello … 8€!! La calidad no es especialmente buena, pero tampoco está mal, y no puede irse uno de Marrakech sin al menos cenar allí un día. La relación calidad / precio no está nada mal.

   Nos vamos con nuestras compras al hotel, y descansamos.

Jueves 6 de Diciembre

   Pendiente

 
( Ignacio Navarro Valdecantos )

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